Sin tetas sí hay paraíso: Una redención que no se ve…ni se merece

Opinión: Sin senos sí hay paraíso: Una redención que...
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Por: Pink Sauce

hace 4 meses

Es turno de un estreno en Caracol, el mismo canal que, últimamente, lance lo que lance, tiene buenas cifras, básicamente porque su rival no ha logrado hilar una programación coherente. Es muy fácil ganar en un duelo entre dos, cuando se ha sido relativamente más juicioso con el respeto de los horarios, así los productos de determinada franja no pasen de ser meros bodrios. Eso podemos decir del horario de las diez de la noche en Caracol, que trae una larga seguidilla de productos ni fu ni fa que cumplen con lo mínimo: Ganarle al enfrentado (en las mediciones del estreno logró 9.1, nada mal para una novela que ya se pueden ver episodios de ella por YouTube); así sean novelas acabadas a los escobazos como La suegra, Dulce amor o Sinú, río de pasiones, y que ahora se llevó por delante ese sainete intragable de El Tesoro, lo cual da paso a Sin tetas sí hay paraíso, donde Gustavo Bolívar vuelve a la carga en su mundo prepagofílico y traquetoadicto, esta vez con el ánimo de hacer una redención de Catalina, la cándida y sórdida a la vez Sin tetas no hay paraíso.

Sea lo primero decir que, aunque fui televidente de la versión original, aquella que lanzó Caracol en 2006, siento que hay muchísimo más talento actoral y un mejor casting en aquella producción de escasos 23 episodios que en toda la saga que le ha sucedido: La versión made in Telemundo (aquí artificiosamente llamada “La novela basada en sin tetas no hay paraíso”, cuando en el extranjero se le conoció más eufemísticamente como “Sin senos no hay paraíso”), pasando por la película y terminando con este producto. Era más creíble, tensa y visceral la interpretación de María Alejandra Puerta y Patricia Ércole como madre e hija, que esa artificiosa e impostada elección de Catherine Siachoque (una de las sempiternas de Telemundo, así haga papeles sumamente ridículos como este) frente a Carmen “yo también salgo hasta en la sopa en Telemundo” Villalobos o de la misma Siachoque con su nueva “hija” de la ficción: Carolina Gaitán. Por cierto ¿Nadie se había fijado que, mientras Ércole es 22 años mayor que Puerta; Siachoque es escasamente 12 años mayor que Gaitán y 11 mayor que Villalobos? Primera pifia.

Como no se pudo reunir a todo el elenco del remake telemundesco hecho entre 2008 y 2009, eso le resta coherencia al comienzo del episodio debut, pues aquí Yessica “La diabla” pasa de ser interpretada por María Fernanda Yepes (aunque, en lo personal, prefiero a Sandra Beltrán, de la versión del 2006) a serlo por Majida Issa. Sonará hasta ofensivo esto que voy a decir, pero, aunque en la vida real, Issa es incluso menor que Yepes, en escena, Issa se ve más contemporánea de doña Hilda, la madre de Catalina, que como la rival de Catalina por los afectos del mafioso Marcial. Cero y van dos.

También siento más auténtico el rol representado por Fabio Restrepo, el Marcial de la versión del 2006 (y también la cinematográfica), que cualquier cosa que haga César Mora, tanto en Sin senos no… como en Sin tetas sí…. Y así podría seguir con buena parte del elenco. Personalmente, Fabián Ríos se vuelve casi un extra con parlamento más, que recita un libreto como quien lee la lista de la compra. Algo tan común como ver a Juan Sebastián Calero encallado en las narconovelas. Entre las dos Catalinas impuestas por Telemundo, no sé cuál actúa de la forma más ridícula: Carmen Villalobos es igual, personaje tras personaje. Y Carolina Gaitán, que ya pasa de los 30 años, se me antoja completamente inverosímil vestida como una colegiala. Para más Inri, Gali Galiano hace un cameo en el episodio debut, justo el personaje de la bionovela del canal rival con la que pretenden (suenan risas) remontar la franja prime time.

La recreación de la sangre que derrama el cadáver de Catalina fue rocambolesca. Cualquiera pensaría que quisieron recrear la marea sangrienta de The Shining, pero con presupuesto de telenovela de Jorge Barón Televisión. Ni hablemos de esa escena donde alguien arranca el registro de matrimonio de la difunta Catalina como si nada, o lo de mostrar a la embarazadísima madre de Catalina con unos tremendos zapatos de alta plataforma. Igualmente, el acento de los protagonistas se escucha muy forzado. Me resulta francamente intolerable Siachoque con un acento de “madre boba” sumamente infantil, en especial cuando se entera de la muerte de Catalina. Parece que se encasilló tanto haciendo de villana en Telemundo, que la sacan de su zona de confort y la embarra solemnemente.

En otras escenas cuestionables, tenemos el operativo para capturar a Marcial tras la traición de Yessica es algo tan visto y tan manido en las traquetonovelas, que parece obra de teatro de izada de bandera. La escena del parto, con Albeiro renegando que Hilda haya parido una niña, fue una escena que ya envidiarían las peores pruebas de talento de Protagonistas de Nuestra Tele. La determinación de Hilda y Albeiro por sacar adelante a la nueva Catalina era digna de cualquier capítulo de Mujeres al límite en sus horas más bajas (si es que algún día tuvo altas). Escenas como el reencuentro de La diabla con sus amigas prepagos en casa de la madre de Yessica o la escena de la embajada americana pudieron prescindirse. Pero si me faltaba ver sobreactuaciones, el encuentro entre Doña Hilda (Siachoque) y La Diabla (Issa) mostró raudales de mediocridad. Nada más les faltaba la peruana que reparte carritos sanducheros. O una mechoneada.

Lo de la franja amarilla en la trama es uno de los más delirantes argumentos del episodio debut, y con ello entra en escena Carolina Gaitán, que, por más que no se maquille para aparentar menor edad, sigue sin convencerme. Para la “nueva” Catalina, la franja amarilla es el límite de la burbuja construida por su mamá para no repetir los errores de la “primera” Catalina. Desde el primer episodio se marcará, sin quererlo, el duelo de una caprichosa Daniela (la hija de La diabla) y la “virginal” Catalina, incluso, por Nacho, el mensajero de la tienda. Pero más temprano que tarde, Catalina caerá en la mira de un traqueto, justo cuando ella trata de desafiar la franja amarilla.

En lo personal, yo sí marcaré una franja amarilla. Una que me aleje de ver productos tan malos como estos, que simplemente ganan por W, porque RCN no sabe qué hacer para reconciliar calidad con rating. Y eso que la “mayamización” de la obra de Bolívar no precisamente tiene calidad. Parafraseando la canción principal de la novela del 2006, yo sí quiero salir de este agujero. Este agujero de mala televisión que productos como Sin senos sí hay paraíso nos muestran. Porque merecemos una TV que no nos viva restregando antivalores como hacer apología a Pablo Escobar o el Chapo Guzmán en el episodio debut. Los pereiranos, gente de bien, no merecen semejante ofensa como ser relacionados con otra historia de prepagos.