Dulce amor, Un refrito descongelado y de poco sabor

Si van a "refritar" una telenovela tan edulcorada como Dulce Amor, asegúrense que ella pueda ser asimilada por el público colombiano.

Opinión: Dulce amor, Un refrito descongelado y de poco sabor
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Tras el anodino final de Esmeraldas, a las 10 de la noche llega, saliendo del “congelador”, la versión colombiana de Dulce amor, una telenovela con aroma a Déjà vu: Parece un poco de Amor a mil, aquella telenovela de Caracol (2001), pero cuando se desarrolle su trama, será inevitable compararla con Amor en custodia – de hecho, son de los mismos autores-, mezclado con el estilo de telenovela de oficina de esas de Caracol, donde, aunque cambie la locación, sentiremos estar viendo de nuevo a Mundo Express, VIP Tours, Creaciones Merceditas o Industrias Copito –Nuevo rico, nuevo pobre, Clase Ejecutiva, La teacher de Inglés y El Secretario, respectivamente-.

Su episodio debut me pareció sumamente aburrido. A ritmo de bruscos cambios de locaciones, se puede sintetizar en un cabezote no apto para diabéticos (¡qué cursilería!); y escenas difícilmente conexas como las derivadas del accidente del carro del protagonista, las del brindis en la empresa con una pedida de mano desangelada; cuando a los protagónicos masculinos les anuncian que se quedan sin empleo, la fiesta de cumpleaños de la hermana del protagonista, la “cena familiar” con la antipática familia Toledo, donde el personaje de Zárate anuncia su regreso a casa y los novios (González y Vásquez) terminan discutiendo y las de la difícil negociación de Natalia con el machista empresario japonés. Mención aparte merecen las del autódromo de Tocancipá y el accidente de Natalia, parecían de bazar de colegio.

Las protagónicas femeninas, Marinela González y Camila Zárate, vienen de protagónicos fallidos en RCN como La Traicionera y El penúltimo beso y se disputan el rol de la actuación más floja. Por su parte, respecto de los protagónicos masculinos, Andrés Sandoval y Juan Manuel Mendoza, como diría Amparo Grisales, comparados con sus contrapartes argentinas, a ambos les falta “testosterona”.

Valentina Lizcano y Jimmy Vásquez serán antagonistas de la historia, pero creo que el papel les va a quedar histriónicamente muy grande. Otros personajes como los de Cristina Lilley, Yaneth Waldman y Abril Schreiber, en realidad parecen interpretarse a ellas mismas. Ah, y como si fuera poco, ahora que descongelaron este producto, terminará Natalia Reyes saliendo en ambos canales privados y en el mismo horario (recordemos que protagoniza Lady, la vendedora de rosas).

En resumidas cuentas, si van a “refritar” una telenovela tan edulcorada como Dulce Amor, asegúrense que ella pueda ser asimilada por el público colombiano, porque por cada  Amor en custodia o Los Reyes, hay infinidad de fiascos estilo Traicionera o Los Graduados. Sobre todo, porque las dinámicas y estéticas televisivas gauchas son muy diferentes a las locales. O mejor, que nuestros creativos se esfuercen por crear contenidos propios e interesantes.